La soledad no es un castigo…
es una decisión.
Y los que son capaces de mirar al cielo,
que tienen el valor de tomar
su corazón entre sus manos
y verlo sin temor alguno,
con el ocaso cayendo sobre sus ojos
y sin temor en ellos;
sabe que nunca se está solo.
Veo el cielo,
mi cielo que me cubre
y de vez en cuando escucha mis penas,
teñido de rojo sobre mis lagrimas,
y sobre mis manos manchadas de sangre…
de ti, de mí, de los demás…
Veo el cielo,
y me veo a mí mismo…
sin ti, siempre sin ti,
sin los besos y solo con las caricias
que se prometen en el horizonte
inalcanzable…
Lloro… Lloro y no dejo de llorar,
y caen mis lagrimas teñidas con el orgullo del viento…
caen y te tocan…
creo que lo mas triste,
es que esa es la única forma
en que soy capaz de tocarte.
El mar es fiel testigo
de todo lo que te he llorado.
Y vuelvo a cerrar mis ojos…
ya no miro al horizonte,
y tampoco miro a los demás.
te miro a ti, te miro a ti…
El cielo,
me mira a mí, me mira a mí…
lejos de ti.
La soledad no es un castigo;
ha sido mi decisión.
lunes, 29 de marzo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario